Este 12 de marzo inicia el año diez casa en el calendario Tolteca y es importante comprender las cualidades de este periodo de tiempo para aprovechar al máximo cada momento.
Los pueblos antiguos que conforman principalmente lo que hoy conocemos como Mesoamérica comenzaron a desarrollar desde hace miles de años un sistema numérico y calendárico que podemos reconocer hoy día como nuestra herencia sagrada.
Muchas veces nos hemos preguntado al igual que nuestros antepasados el profundo significado que tiene el tiempo, y tal vez coincidamos en reconocer que el tiempo es aquello que nos conecta con la creación misma dado que en la realidad lo que poseemos es el Nican Axcan “el aquí y ahora”, el infinito presente. El pasado y el futuro es simplemente un constructo elaborado en el presente, por lo tanto no existen, lo que sí es posible es mantener ciertos significados que nos ayudan a entender nuestro estado actual en relación nuestras experiencias personales.
Al igual que nuestros sabios abuelos consideramos que el tiempo existe en la medida en que se manifiesta el movimiento. Éste movimiento es la presencia concreta del todo creador al que los Toltecas llamaron Ometeotl y los Mayas Hunab Ku.
Seamos concientes o no, estamos en un constante movimiento y formamos parte del proceso de expansión del Universo, lo que nos asegura que somos parte de él.
La característica principal de este universo en expansión es “la dualidad”: así como es arriba es abajo, así como hay luz hay oscuridad, como es adentro es afuera y como se es femenino se es masculino. La dualidad presente en todas las cosas tiene la característica de estar inmersa en ciclos sinódicos y constantes como el ondular de una serpiente que se mueve en una dirección determinada.
Los ciclos en el tiempo van a ser diferentes para cada ser viviente y fluctúan de la vida a la muerte, pero en ambos estados no deja de haber movimiento, sino simplemente se experimenta un estado diferente.
Los calendarios antiguos de Anahuac están basados en estas ondulaciones serpentinas al igual que en la observación del cosmos, la naturaleza y el ser humano. Los Olmecas, Toltecas, Zapotecas, Mayas y Aztecas compartieron y perfeccionaron cada vez más el mismo sistema calendario interrelacionando numérica y simbólicamente a estos tres elementos.
Uno de los calendarios llamado Xiuhpohualli mide los ciclos de la Madre Tierra con una duración de 365.25 días, asociado a los movimientos solares en sus equinoccios y solsticios. Un segundo calendario llamado Tonalpohualli mide los ciclos de los seres humanos con periodos de 260 días asociado al tiempo de gestación en el vientre materno y a la multiplicación de nuestros 20 dedos con las trece articulaciones principales que nos proporcionan el movimiento. Un tercer calendario surge de la conjunción de los dos calendarios anteriores y se da en un periodo de 18,993 días que equivale a 52 años, por lo tanto se puede considerar como un ciclo cósmico.
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Este 12 de Marzo comenzamos un nuevo ciclo en la Tierra llamado Matlactli Calli que significa “diez casa”. En este año que esta por comenzar del calendario Tolteca nos indican con exactitud lo que cada ser humano debe trabajar en si mismo para aprovechar el tiempo en su integración con todo lo que le rodea. No dejemos de recordar que el 11 de marzo del año 2013 concluye un ciclo trascendental donde encenderemos un nuevo fuego al concluirse el presente Xiuhmolpilli de 52 años. Esto es importante porque al retomar las experiencias e investigaciones de los antiguos sabemos que es un momento de renovación, de autoevaluación y reflexión acerca de la forma en que vivimos y nos mantenemos.
El calendario prehispánico tiene como fecha de inicio el 12 de marzo porque justo en la transición del tiempo se da una veintena llamada Izcalli que significa “resurgimiento”, que es cuando la vida vuelve a surgir en esplendor con la llegada del equinoccio. En esta veintena se hace una ceremonia en honor a Xiuhtecuhtli que representa a la energía concentrada en todas las cosas ya que durante el periodo de descanso que es el invierno las semillas mantienen todo su potencial para surgir a la vida y darle flores y frutos a la Madre Tierra.
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El transitar de un año solar a otro se realiza con el paso de los llamados Nemontemi que significa “días vanos”, aquellos que caen de balde y sin menester. Son cinco días de preparación, ayuno y reflexión sobre todo lo que se hizo o dejó de hacer en el ciclo que termina. Como cada uno de nosotros expresa la naturaleza estos Nemontemi son un buen momento para pensar sobre las flores y frutos que entregamos, sobre las semillas que sembramos y sobre los frutos que recibimos, por lo tanto, también es un buen momento para agradecer al dador de vida y movimiento. En este 2009 los días Nemontemi comenzarán el 7 de marzo a las 18:43 horas y terminarán el día 11 de marzo a la medianoche para que en el primer minuto del día 12 de marzo se levante el Pantli “estandarte” con la representación del nuevo año 10 casa.
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En primer lugar el año diez casa está regido por Mictlantecuhtli el “señor de la muerte”, quien rige la transformación y es guardián del lugar del descanso y reposo. La muerte tal vez es uno de los símbolos mas trascendentes de las culturas prehispánicas del Anahuac y con toda seguridad también uno de los mas incomprendidos porque aprendimos a interpretarla desde una visión europea que se caracteriza por el miedo a la misma.
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La muerte es un símbolo de transformación, renovación y cambio. Con nuestra muerte hacemos posible deshacernos de aquellas cosas que nos mantienen en un estado denso del cuerpo, la mente y el espíritu, por tal motivo en este ciclo que comienza Mictlantecuhtli nos asiste para lograr nuestra transformación dejando de traer al presente nuestro pasado, desprendernos de nuestros vicios, apegos carnales, defectos psicológicos y todas aquellas emociones que vulneran nuestro bienestar. Si logramos darle “muerte” a esa persona que fuimos, con toda seguridad nos disponemos a un nuevo nacimiento lleno de paz, reposo y descanso.
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Calli “Casa” es el signo de este año y hace referencia a dos conceptos en concreto, en primer lugar es la casa que alberga a toda la humanidad: nuestra Madre Tierra; y en segundo es el recipiente que alberga nuestro espíritu: nuestro cuerpo físico. En este año se requiere el trabajo personal para unir ambas manifestaciones de la casa reconociendo que son una sola. Si afectamos con nuestros actos a la naturaleza repercute en nosotros y si nos unificamos al cuidado de ella todos somos beneficiados. También es un momento preciso para hacer conciente que en nuestro cuerpo, que es la casa donde habitamos, también es la casa de la dualidad porque en su interior se hace presente el fuego interior solar, la chispa de vida que anima cada uno de nuestros órganos internos, y por otro lado también se manifiesta la Tonantzin, nuestra divina Madre que nos ha traído a ser carne de su carne.
Hay un canto que dice “Todos somos hijos de la Tierra y a ella volvemos, como una gota de lluvia que fluye hacia el mar”, seamos concientes del proceso de la vida. Una semilla que se siembra en tierra fértil emerge con vida al fusionar el agua vital con el fuego solar. De igual manera sucede con nosotros porque fuimos sembrados en un pedazo de tierra que es nuestro cuerpo que surgió de la vida al unirse el fuego sexual con las aguas creadoras.
La casa representa el trabajo interior, la introspección y la autoevaluación. Este año será un buen momento para entrar en ella y ver el orden de las cosas que prevalece en cada uno, evaluando nuestras escalas de prioridades y necesidades las cales pueden ser replanteadas dependiendo de nuestro estado de conciencia.
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El numeral diez es un símbolo asociado a Tezcatlipoca “El espejo que humea”.
El diez representa nuestras manos de las cuales una es el espejo de la otra. En nuestras manos podemos reconocer que somos duales en nuestra estructura energética y en nuestra estructura física. En nuestro organismo se complementan la dualidad de nuestros hemisferios cerebrales, los ventrículos del corazón, pulmones, riñones, intestinos, vaso – páncreas, hígado – vesícula, gónadas sexuales, ojos, maxilar superior e inferior, ojos, oídos y extremidades. Por nuestra columna vertebral se une esta dualidad corporal en forma serpentina que asciende para elevar la conciencia con plumas preciosas, en otras palabras, forma nuestro Quetzalcoatl – Kukulkan símbolo de la sabiduría radiante.
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Tezcatlipoca Yayauhqui “El humear de espejo negro” representa a nuestro inconciente debido a que sería similar a verse en un espejo de obsidiana en el cual solo podíamos reconocer nuestra silueta, nuestra sombra, nuestro lado oscuro. Porta en su mano un espejo de agua en el cual debemos reconocer nuestro rostro oscurecido por nuestros defectos. Dentro de la tradición se le conoce como el “cojito” ya que al representar nuestro inconciente evoca a nuestros tropiezos de los cuales aprendemos.
En resumen, este año diez casa que inicia el 12 de marzo a la media noche es un ciclo solar propicio para reconocer que somos parte de la Madre Tierra, que somos carne de su carne. Es un tiempo propicio para realizar nuestra muerte mística dejando morir a aquella persona que no nos permite ser auténticos. Es un buen momento para trabajar sobre nuestro espejo, transformando nuestro rostro dándole forma y color, aprendiendo de los tropiezos de la vida y lo mas importante, hacer surgir lo colorido y luminoso dentro de nuestra casa para que ascienda la serpiente de plumas preciosas que despierta la conciencia.